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Enrique Torre-López
Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México.
Recibido: enero 2016
Aceptado: marzo 2016
Correspondencia
Dr. Enrique Torre López
[email protected]
Este artículo debe citarse como
Torre-López E. Afinidad de los médicos con la música. El paradigma de la amistad entre Billroth y Brahms. Rev Hematol Mex. 2016 abril;17(2):73-76.
Mi alumno de Hematología de pregrado, Guillermo J Ruiz Argüelles, me solicitó un artículo –a manera de editorial– acerca de algún tema musical. Esto en razón de que buena parte de mi vida está dedicada al cultivo de este arte primigenio, así como a su difusión, y hasta como aprendiz de escritor acerca del entorno de la música y sus grandes compositores.
Es bien sabida la afinidad que tienen los doctores y las doctoras por el arte de los sonidos, por su afición y hasta por su pasión o dedicación a éste. También es conocida la existencia de famosos músicos que a la vez estudiaron parcialmente la carrera de Medicina o que la llevaron a la práctica. Es el caso, por dar unos ejemplos, de Héctor Berlioz, Fritz Kreisler y Alexander Borodin; este último, cirujano y también químico.
De estas afinidades destaca claramente la que cultivaron el afamado médico cirujano Theodor Billroth y el célebre músico Johannes Brahms. Billroth resulta ser una figura más o menos familiar para los estudiantes y los graduados a lo largo de su carrera de Medicina. Para los cirujanos representa, desde luego, un modelo entrañable por sus valiosísimas aportaciones que revolucionaron la cirugía. Por eso considero que este tema puede resultar de gran interés para los lectores de revistas médicas.
En 1981 se celebró el centenario de la primera gastrectomía por cáncer, realizada por Theodor Billroth. Con ese motivo, el Hospital Central y la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí publicaron un número especial en el que se revisaron diversos aspectos acerca de la vida de este cirujano y su relación musical con Johannes Brahms.
Ahora bien, ¿por qué el juicio de paradigmático para la amistad de estos personajes? Veamos. Billroth y Brahms son ilustres representantes de las más notables figuras en los campos de la Medicina y de la música europea en la segunda mitad del siglo XIX. Ambos, de nacionalidad alemana, fueron poseedores de una altísima categoría profesional y de una muy depurada sensibilidad artística. Ningún otro tipo de afinidad entre las ciencias médicas y el arte musical ofrece tal grado de simbiosis y de enriquecimiento mutuos como el que se estableció entre estos seres excepcionales.
Mencionaremos de manera breve algunos de los merecimientos mayores de Billroth y Brahms y comentaremos luego su fecunda amistad.
El epónimo más conocido de este ilustre médico es, sin duda –y sigue presente en la actualidad– por la resección gástrica, el llamado Billroth I y Billroth II; según la anastomosis del estómago residual se realiza con el duodeno o con el yeyuno, respectivamente. Sin embargo, sus aportaciones en otros campos de las ciencias médicas fueron asombrosamente variadas.
En Otorrinolaringología, Billroth realizó la primera laringectomía por cáncer; en Urología practicó la primera prostatectomía perineal; en Histología descubrió, en el bazo, los “cordones de Billroth”, epónimo que aún se usa; en Anatomía Patológica publicó su famoso libro Patología General Quirúrgica en 50 lecciones; en enseñanza médica implantó lo que ahora conocemos como “residencias hospitalarias”.
Respecto a su vida artística, Billroth verdaderamente fue un músico, porque tocaba el violín, la viola y el piano, dirigió grupos orquestales, ejerció la crítica musical y hasta llegó a componer obras de música de cámara.
Johannes Brahms, preclaro y digno heredero del genio beethoveniano, constituye la máxima figura del llamado periodo romántico tardío (1850-1900). Abrevó también en la música de los grandes maestros de la época barroca (Bach, Haendel) y la clásica (Haydn, especialmente). Cultivó, a nivel de excelencia, todos los géneros musicales, excepto la ópera, y es reconocido como uno de los grandes maestros de la música de todos los tiempos.
Ambos personajes se conocieron en Suiza, en 1865, y mantuvieron una fiel amistad en Viena, centro capital de la gran música, hasta 1894, cuando falleció el famoso cirujano. A lo largo de ese tiempo intercambiaron 332 cartas –¡por el entonces rápido y eficaz correo postal!–, mismas que han sido reunidas en un libro por Hans Barkan, oftalmólogo californiano.
Esta amistad, tan larga y fecunda, estaba fincada en el mutuo enriquecimiento intelectual y artístico. Por una parte, la personalidad influyente de Billroth y su alta calidad de diletante hacían que Brahms se sintiera estimulado para componer nuevas obras; por otra, para el abrumado cirujano la música de su amigo constituía un gran placer.
Esa relación y comunicación fueron más intensas, porque Brahms le enviaba a su amigo composiciones para conocer su juicio crítico. Buena parte de las obras brahmsianas se ensayaron primeramente en la casa del cirujano, con la participación de éste, de varios amigos –entre ellos su discípulo Mickulicz– y el propio autor, al piano.
Brahms, como muestra de reconocimiento a su amigo doctor, lo distinguió dedicándole algunas de sus composiciones. Se trata de dos de los tres cuartetos para cuerdas, los números 1 y 2 del Opus 51, que en el ambiente médico con aficiones musicales son referidos como Billroth I y Billroth II.
El tercer cuarteto, Opus 67, Brahms se lo dedicó a otro médico, el profesor Theodor Engelman, de Utrecht. De manera personal recomiendo, como muestra maestra del quehacer camerístico del compositor, el último movimiento “allegro non assai” del segundo cuarteto, en La menor, Opus 51.
El afamado médico cirujano falleció por una prolongada neumonía y por insuficiencia cardiaca. Johannes Brahms murió tres años más tarde que su amigo, después de una intensa y larga ictericia debida a un cáncer de hígado. Ambos están sepultados en el Cementerio Central de Viena, muy cerca de las tumbas de sus venerados maestros, Beethoven y Schubert, y del monumento a Mozart.
Si los médicos debemos estar agradecidos por las contribuciones y enseñanzas de Billroth, también el mundo musical, en particular los que aman la música del autor de “Festival Académico”, estamos en deuda con él. En efecto, la poderosa personalidad de Theodor Billroth, así como su devoción por la música de su admirado amigo, fueron determinantes para que un buen número de obras de Johannes Brahms hayan llegado hasta nosotros.
Como coda, diría yo que esta maravillosa afinidad entre dos de las más notables figuras de la Medicina y la música constituye en verdad un ejemplo paradigmático entre las ciencias y las artes.
BIBLIOGRAFÍA
- Revista Médica del Hospital Central Dr. Ignacio Morones Prieto de San Luis Potosí. Enero-diciembre 1980;IV.
- Barkan Hans. Johannes Brahms and Theodor Billroth, letters from a musical friendship. University of Oklahoma Press 1957;264.
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